Mi portátil empezó su singladura en Ubuntu en 8.04. Todo se instaló sin problemas.
La actualización a 8.10 transcurrió sin novedad. Tras modernizarme a 9.10, la aceleración de vídeo dejó de funcionar.
Acabo de actualizar a 10.04, y el soporte para mi tarjeta gráfica ha ido todavía, a peor: ni siquiera arranca.
Sí, hay ñapas para sobrevivir a ambos fallos, pero la gente instala Ubuntu por su facilidad de uso, es muy raro que se lean las "Release Notes" (yo, desde luego, las leo sólo cuando todo falla).
Está claro que la prioridad de los programadores de Intel es sabotear tarjetas antiguas.
domingo, 3 de octubre de 2010
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